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Plaza de toros de Valence. vendredi. Huitième de Fallas. Casi lleno.
Quatre toros de Garcigrande, corrects de présentation et deux de Domingo Hernández. Bon lot dans l'ensemble: toréable et spectaculaire.
Mano à mano
El Juli, ovation après pétition , oreille et oreille.
López Simón, oreille, oreille après avis et silence.

Javier Ambel aux ordres d'El Juli s'est distingué aux banderilles notamment. Maestria d'un côté et entrega de l'autre pour une grande après-midi qui a fait le plein et a enthousiasmé le public. Comme la veille le choc a tenu ses promesses; mais cette fois l'ancien n'a pas cédé de terrain au nouveau. Comme toujours lorsqu'il est poussé dans ses retanchements, Julian a démontré qu'il restait le boss; Lopez Simon a présenté ses prétentions, malgré ses qualités il lui reste du chemin à faire. Il l'a reconnu d'ailleurs avec modestie.

El Juli blessé au visage a déclaré: "ça a été une belle après-midi, l'objectif était que le public en profite et il a été atteint. C'est une temporada spéciale, ce sont les empresarios qui font les cartels mais la volonté de lutter avec les jeunes existe. On l'a vu aujourd'hui".

Lopez Simon: "c'est une puerta grande dans une arène de première mais j'ai la volonté de faire encore mieux de me perfectionner"


Fallas 18 mar 2016 par burladero_es


Le matin: Novillada sans chevaux. Un quart d'arène.
Novillos de Nazario Ibáñez.
Calerito, palmas et ovation et saluts;
Alejandro Contreras, oreille et vuelta al ruedo;
Ramón Serrano, palmas et palmas.

Valencia: 8ª de Fallas
Cumbre de El Juli
Desatado, inspirado y renovado con un gran toro de Domingo Hernández, firma la faena de la feria. Primoroso con el primer toro de corrida. Mano a mano sin color. López Simón, a la sombra de un Juli agigantado
Valencia, 18 mar. (COLPISA, Barquerito)
Valencia. 8ª de Fallas. 12.000 almas. Lleno. Entoldado, templado, Dos horas y veinte minutos de función.
Cuatro toros de Garcigrande (Concha Escolar) -el cuarto, jugado de sobrero- y dos -5º y 6º- de Domingo Hernández.
Mano a mano. El Juli, saludos tras petición, oreja y oreja. López Simón, oreja, oreja tras aviso y aplausos.
Dos pares soberbios de Javier Ambel al quinto. Buena brega de Álvaro Montes. Notables a caballo Diego Ortiz y Óscar Bernal.
LA PRIMERA DE LAS TRES faenas de El Juli fue primorosa: tras cuatro lazos de muletazos de bandera, de ida y vuelta, y en las rayas, que es donde conviene a esa suerte, una tanda en redondo en el tercio –tomado el toro con suavidad, lento gobierno de mano baja- y otra al cabo en los medios igual de redonda. Pidieron música los paganos. Pero El Juli hizo con la mano gesto de que todavía no. Estaba por catar el pitón izquierdo. Una tercera tanda en redondo todavía mejor que las dos previas, el de pecho y un recorte sevillano. De la misma fuente de la que ha bebido Morante. Un desarme en el primer y único intento con la mano izquierda. No quería el toro.
La solución adecuada: tres naturales apurados, el molinete y el de pecho cosido en la misma baza. El ritmo del primor. Ahora llegó la música: Churumbelerías. Y El Juli, en circulares cobrados en dos tiempos, la mano baja, mayor ajuste en el segundo tiempo que en el primero, asiento impecable, figura compuesta, trazo despacioso. A cámara lenta, que fue el sello de la faena toda. Incluido un final de juegos malabares. El toro, mimado en el recibo de capa con verónicas de manos bajas, se fue al desolladero más acariciado que toreado. Un pinchazo, una estocada trasera al salto. No hubo mayoría de pañuelos, sí reclamo sonoro a voces. Oídos sordos del palco.
Ese primer toro de Garcigrande, que no llegó ni a rozar las bambas del capote ni los flecos de la muleta de Julián, fue de pastueño fondo. El tercero, no. Un duro puyazo trasero, un picotazo más. A la hora de resolverse, toro con su guasa: algo rebrincado, también se apoyaba en las manos, un aire reservón que se tradujo en embestidas regañadas. Después de la primera faena tan balsámica y plácida, El Juli parecía impaciente, que no suele. Faena de atacar, pero al primer ataque en serio, casi en los medios, la muleta en la zurda, el toro, la cara alta, instinto predador, soltó un gañafón avieso. El Juli salió prendido por la chupa de la chaquetilla y derribado. Qué listo para salir por su propio pie de la cogida. Al quite todo el mundo. Pero ya no estaba El Juli, que volvió al ataque con más ganas que antes y sacó ahora el guante de hierro. Gazapón, el toro buscó presa. Le ganó por la mano El Juli todas las veces. Muletazos de castigo que no lo parecían pero lo eran. Buen pulso. Faena sufrida. Una última tanda soberbia. Una estocada trasera, ladeada y mortal. En tablas se echó el toro. Se celebró más este agrio trabajo que todas las lindezas del primor primero.
Y, en fin, el quinto toro –era mano a mano, y a tres por cabeza- y con él la faena de la feria. No se sabe si porque El Juli quería ajustar las cuentas con alguien o porque le salió del alma ponerse a torear como lo hizo. Probablemente por lo del alma. El mano a mano de vísperas –Talavante y Roca Rey- había sido de rivalidad rampante, zarpazos terribles del torero peruano. Este otro de Julián y López Simón no tuvo más enredo que el del marcador: antes de asomar el quinto, dos orejas López Simón y solo una El Juli.
La manera de parar y fijar El Juli al toro, alto de agujas, muy juampedro en estampa y remate, fue pura ciencia. Ya fijado el toro, dos lances a pies juntos en los medios preciosos. Ni un olé, pero esos lances contaron entre los prodigios de la tarde. Bien picado el toro –brazo y puntería de Diego Ortiz, un recorte sevillano de Julián para dejarlo en suerte, bravura aquilatada entonces-, y entonces López Simón entró a quitar. Lo había hecho en los otros dos toros de Julián sin mayor relevancia, pero las revoleras de remate da uno y otro quite se habían festejado.
El tercer quite –quite de aspirante, marcador a favor- fue más atrevido que los anteriores: un farol de rodillas –casi un acontecimiento- y chicuelinas muy discretas. Sonaban las palmas todavía cuando El Juli ganó el mismo platillo para replicar. Se encendió el ambiente. De frente y despatarrado El Juli en el cite de largo, asido el capote por la esclavina y ya mecidas las manos, y el viaje templado pero poderoso del toro librado con un lance perfecto de los del Zapopán. Un clamor. Y otros tres más de parecido efecto, encarecidos por la manera de envolverse en los dos últimos. El remate fueron dos medias impecables, distintas. Un volcán la plaza rendida.
El toro, bravo de verdad, arreó en banderillas, dos pares soberbios de Javier Ambel y, con la plaza en llamas, vivo aún el eco de una diana floreada, ya estaba El Juli en los medios brindando la que iba a ser faena magistral de principio a fin. El principio, dos muletazos por delante entre rayas, y el celo del toro –muchos pies- embalado hasta los medios, donde El Juli cortó tan rara tanda con un molinete de rodillas. Tras él, en redondo, tres muy despacito y el de pecho.
La mano derecha de El Juli parece nueva. Con ella vino a ahormarse y someterse el toro sin perder su gana. Toreo de rico compás, un desplante tras la tanda que pareció dejar sentenciada la pelea. Y ahora la docena larga de naturales –la izquierda de El Juli- que no se habían dejado pegar ni el primero ni el tercero. El ritmo de la faena fue extraordinario: por la unidad de terrenos, que marcó El Juli y no el toro, por su continuidad –ni pausas ni paseos gratuitos-, por su garbo tanto como por su autoridad. Se puso en pie la gente unas cuantas veces. En los de pecho se venía abajo la plaza. También en el último alarde de una serie de esos circulares de nueva versión que parecen repertorio fresco. Empujó la gente cuando El Juli atacó con la espada dando espaldas a toriles. Un pinchazo arriba. Una estocada trasera luego. El Juli se sacó el toro a la segunda raya para descabellar sin ayuda de nadie, yo solo, yo solo. Un solo golpe.
A López Simón le costó superar el golpe –no solo ese, sino el quite de réplica, las dimensiones y el color de la faena- pero tuvo arrestos y amor propio suficientes como para echarse adelante con el sexto, un toro grandísimo pero de excelente son. Con él hizo la faena de mejor argumento de las tres firmadas. Solo que a la sombra de los golpes. Demasiado desigual el combate si es que se había planteado como tal. Desiguales las tres faenas: de recorrer demasiada plaza, de romper por sistema el sentido de una tanda antes de tiempo, de pautas demoradas, de quietud indiscutible y brazos lacios que dan impresión de pesar en la mano la muleta. Excesos de muletazos de abajo arriba. Y en fin la indiscutible seña de la ambición: el toreo de rodillas. Un cúmulo de cosas sin ordenar. Fe con la espada.
Postdata para los íntimos:
No irse de Valencia sin llevarse metido en las fosas nasales el aroma de aceite de los puestos de buñuelos. Los churreros de Valencia, que ahora son menos que antes. El buñuelo es una exquisitez de la fritura. Tierno, recién escurrido, se rompe en la boca con un crujidito de porcelana rota. A diferencia del churro. Son masas distintas. El secreto está en la masa, enseñaron los romanos al resto del mundo. El olor de freír, los puestos churreros parecen casetas de tómbola, como las del desaparecido tiro al blanco. Escopetas de perdigón. El blanco, bolas de anís.
Ese puesto de la calle Játiva en la embocadura de Pintor Ribera era uno de los más concurridos del centro. Pero he visto este año más gente en los de Lope de Vega, la plaza de la Reina, el cruce de Ruzafa y la Gran Vía y, por supuesto, en el corazón mismo del barrio de Ruzafa, que convendría frecuentar. Se puede ser adicto del Carmen y volver a Ruzafa no tan de tarde en tarde. Lo hice poco después de mediodía. Suenan muy bien las campanas de San Valero y San Vicente, los dos protomártires de Huesca. En Huesca se venera a los dos. La iglesia de Ruzafa es de traza aragonesa y, por tanto, mudéjar, que en Valencia capital es raro de ver. La torre hexagonal viene fundida con un templo de tres fachadas, una noble y dos no. Las puertas de las iglesias viejas de la ciudad son de influencia morisca indiscutible. El tachoneado de clavos dorados. Las cerraduras. Ese aire hermético.
No abundan las parroquias crecidas a la sombra de un mercado. O viceversa. El Mercado de abastos de Ruzafa es un hermoso edificio. Nada que ver con las formas bizantinas ni con las columnas de forja ni con las cúpulas, bóvedas o vidrieras del Mercado Central, que es como una catedral modernista. El de Ruzafa es un ejemplo de construcción racionalista. Los vándalos grafiteros han castigado bastante el exterior; el interior, con techo plano visto de tubaje pintado de blancos y verdes y tragaluces de hormigón, es puro racionalismo. Todo lo racional que puede ser un mercado en esta tierra.
Hay que resistir a Mercadona. Ruzafa resiste. Bolsas de caracoles, sobrasadas caseras, cabezas de cordero, rapes muy ventrudos de la lonja de Denia, rábanos de rosa fortísimo, puestos de calabazas asadas. El puesto de Amparo Montroy, de fruta y verdura, las anuncia "asadas en horno de leña" como las hacían sus abuelos. Calabazas abiertas en dos mitades, con sus pipas asadas al tiempo; pimientos rojos; y berenjenas de las rayadas enteras también. Y boniatos dulces, nueces pecanas, mermeladas artesanas de la sierra de Espadán, fruta tirolesa de Val Ventosa. Jamón de Teruel. Cecina de potro, vinos de Vicente Gandía. Y sepia, sepia y más sepia.
Aquel barecito de la calle Ruzafa justo antes de llegar a Colón donde se vendían y servían solo productos de Teruel -cerámicas, vinos, embutidos y quesos del Tronchón- ya no existe. La ley Boyer ha sido devastadora. Pero Sarrión es tierra de trufas muy buscadas y ponderadas. No tanto como la de Turín.
Y de postre El Juli asevillanado, con registros de Domingo Ortega y, por tanto, de Curro Romero también.
Viendo a López Simón pensé en la célebre anécdota del mano a mano de Silverio y Manolete en la Plaza México el año 42 o 43. "¡Ánimo, Silverio, y no te rindas, y dale respuesta a ese gachupín tan triste...!" Y molestaban a Manolete, que estaba barriendo. Y dice Silverio volviéndose a los de los ánimos y las afrentas. "¡No me lo enojen, por Dios, no me lo enojen....!" Don Álvaro Domecq decía que no había visto torear a nadie mejor que Silverio.
No me lo enojen a El Juli. Y ahora, el 27 de marzo, en Arles. El Juli y Roca Rey, mano a mano.

Barquerito

pierre Le: 19/03/16
MADRID, LOGIQUES OPAQUES C'est le printemps !